Stirling – Glencoe

Como no necesitábamos coche para movernos por el centro de Edimburgo, dejamos el alquiler para el día que ya salimos de la ciudad, así que volvemos a coger el Airlink 100 hasta el aeropuerto y recogemos el coche de alquiler allí, así el último día lo devolvemos en el mismo sitio.

Stirling, a medio camino entre Edimburgo y Glasgow, se levanta en la frontera invisible que separa las Tierras Bajas de las Highlands.

Si se comienza la ruta desde Edimburgo, de camino a Stirling es recomendable desviarse para ver Los Kelpies, dos enormes esculturas ecuestres de la mitología escocesa, que vistos de cerca resultan impresionantes. Se puede llegar hasta ellos en coche, o dejarlo en el aparcamiento que hay antes e ir paseando por el borde del canal hasta las impresionantes estatuas.

Es imposible nombrar Stirling sin asociarlo a uno de los grandes héroes escoceses: William Wallace. Y es que a las afueras de Stirling nos encontramos con el magnífico Monumento a William Wallace. Una gran torre de piedra que tiene las mejores vistas de toda la ciudad y que conmemora la victoria escocesa en la batalla del puente de Stirling.

Se encuentra al pie de la colina Abbey Craig, donde se encuentran la taquilla, tienda de recuerdos y un saloncito para relajarse tomando un té o un café. Desde los pies de la torre, las vistas de la ciudad son bonitas, pero merece la pena comprar la entrada y subir los 246 peldaños de la escalera de caracol. Las escaleras son muy estrechas y sólo permiten el paso de una persona, por lo que pueden resultar un poco agobiantes, pero tiene ventanucos por donde pasa el aire.

A lo largo del ascenso encontrarás tres pisos con pequeños museos dedicados a William Wallace y a la historia de Escocia, donde podrás descansar de la subida y dejar que pase gente.

Desde arriba del todo, justo por debajo de la corona de la torre, disfrutarás de unas vistas espectaculares de Stirling, con el río Forth serpenteando entre los campos, la ciudad y el Castillo al fondo.

Otro de los lugares más importantes de la ciudad es el Castillo de Stirling, una de las fortalezas más fascinantes de Escocia rodeada de acantilados.  Está situado arriba de la Old Town, y subiendo por sus calles puedes encontrar además la oficina de Información y Turismo y junto a ella la Stirling Old Town Jail, una antigua cárcel que cada verano abre como atracción turística y cuenta la historia del lugar a través de actores.

Nada más llegar a la explanada del castillo (con un gran parking disponible para los visitantes) te recibe la estatua del rey Robert the Bruce y, a lo lejos, el monumento a Wallace.

Se pueden visitar varios edificios en su interior de los siglos XV y XVI, incluido el Palacio de James V, las salas de banquetes, los jardines…etc.

Muy cerca se levanta la Mercat Cross, una columna coronada con la estatua de un unicornio, lo que indicaba que la ciudad tenía permiso del rey para alojar un mercado y comerciar, y por lo tanto se consideraba una ciudad importante.

Tras bajar de la colina, en pocos minutos llegarás a uno de los lugares más emblemáticos de Stirling, el Old Stirling Bridge.

Este pintoresco puente de piedra data de finales del siglo XV, aunque ese tramo del río Forth era un lugar de paso estratégico entre las Tierras Bajas y las Highlands, y antes ya habían existido varios puentes de madera.

Uno de ellos fue el protagonista de la Batalla del puente de Stirling en 1297, durante las Guerras de independencia entre ingleses y escoceses, y donde William Wallace (a quien hoy en día muchos conocen gracias a la película Braveheart) se catapultó a la categoría de héroe.

Si aún dispones de tiempo puedes pasear por la Old Town y visitar la iglesia de Holy Rude, el cementerio, el palacio de Mar´s Wark, o deleitarte con sus calles peatonales llenas de cafeterías, tiendas y restaurantes.

Muy cerca de Stirling, de camino a Glencoe, en el pequeño pueblo de Doune se encuentra la conocida fortaleza medieval del Castillo de Doune, una robusta construcción de piedra rodeada por un frondoso bosque, escenario de películas y series como “Outlander” o “Juego de Tronos”.

Pocos kilómetros después llegamos al Parque Nacional del Lago Lomond y los Trossachs, una extensa área natural que reúne bosques, montañas,  y, por supuesto, lagos, siendo uno de ellos el propio Loch Lomond.

El Loch Lomond o Lago Lomond es, con sus 70 kilómetros cuadrados, el de mayor superficie de Escocia, el segundo en volumen detrás del famoso Lago Ness y para muchos también el más bonito del país. Rodeado de profundos bosques, altas montañas y castillos escondidos entre la vegetación, es un lugar imprescindible.

Es fácilmente accesible en coche ya que se encuentra a escasos 40 minutos de Glasgow y a una hora y media de Edimburgo. Lo mejor es recorrerlo por libre, con nuestro propio vehículo, pero si no fuera posible, la zona está también conectada con servicios de autobús y tren y desde ambas ciudades se pueden contratar excursiones.

La zona que rodea Loch Lomond es un auténtico paraíso para los amantes de la naturaleza,  donde además de visitar el propio lago, podemos realizar gran número de actividades de aventura, disfrutar de pueblos con encanto, castillos y paseos en barco.

Balloch

El pequeño pueblo de Balloch suele servir de base para visitar la zona ya que cuenta con gran cantidad de servicios, hoteles y restaurantes.

La mayoría de los visitantes que se acercan hasta aquí lo hacen para tomar uno de los barcos que parten de su pequeño muelle para recorrer el lago. Existen varias compañías cuyas rutas y horarios se pueden consultar en la oficina de turismo situada junto al muelle o bien en su propia web.

La empresa Sweeney Cruise Co ofrece una ruta circular de 1 hora, donde se puede disfrutar de un paisaje maravilloso, gran cantidad de aves, acercarnos a alguna de las islas del lago y contemplar las ruinas del Castillo de Lennox, además de vivir todos los climas posibles de Escocia.

En Balloch merece la pena caminar a orillas del lago hasta llegar al Balloch Castle Country Park, un bello enclave natural con unas vistas privilegiadas al lago. Caminando unos 15 minutos desde la entrada al parque, por senderos llenos de árboles se llega hasta un pequeño castillo, aunque está cerrado al público. Dicho castillo sirvió como fortaleza para una de las familias medievales más poderosas de Escocia, los condes de Lennox. La construcción original pertenecía al siglo XIII, siendo renovada en 1808 para dar lugar a la mansión de estilo gótico que es hoy en día. 

Y si se viaja con niños puede visitarse Loch Lomond Bird of Prey Centre, un centro de aves rapaces y el Sea Life de Loch Lomond, un acuario donde se pueden observar nutrias, caballitos de mar o tiburones. 

Balmaha

El Loch Lomond está formado por más de 30 islas, pero la más famosa de ellas es la isla de Inchcailloch. Lo mejor para llegar hasta ella es acercarse al pueblo de Balmaha, en la orilla este del lago, y tomar una de las barcas que en menos de cinco minutos nos acercaran a este paraje de gran belleza, ideal para pasear con tranquilidad y, si tenemos suerte, ver alguno de los ualabíes que allí viven, una especie de canguros en miniatura traídos a la zona en los años cuarenta.

Desde el propio parking de Balmaha parte una de las rutas senderistas más famosas del Loch Lomond, la ascensión a Conic Hill, desde donde se tienen unas de las mejoras vistas del lago y sus islas. En total se asciende unos 350 metros de desnivel y se tarda en recorrer en torno a las tres horas.

Luss

El pintoresco pueblo de Luss es uno de los más bonitos del país. Se conoce que esta localidad,  sufrió un saqueo por parte de los vikingos en el siglo XIII, por lo que casi todo lo que verás pertenece a los siglos posteriores. Sin embargo, si te acercas al cementerio de la parroquia local podrás ver algunas tumbas muy antiguas, incluyendo una lápida vikinga del siglo XI.

Desde su muelle se tienen unas vistas espectaculares del lago y del Ben Lomond, la montaña más alta de la zona con sus 974 metros.

Pero la visita a Luss da para muchos más, pasear por sus calles repletas de restaurantes, cafeterías y tiendas de artesanía es una delicia. Una parada imprescindible es  la fotogénica Luss Parish Church, construida por Sir James Colguhoun en honor a su padre que murió ahogado en el lago. La iglesia está rodeada de un pequeño cementerio con lapidas incluso del siglo VII y que se puede visitar sin problema.

Si cruzamos el rio podemos llegar hasta la Cruz conmemorativa de St. Kessog, construida en honor al misionero irlandés que cristianizó la zona.

Desde aquí también parten algunas excursiones en barco por el lago, como las que ofrece la compañía Cruise Loch Lommond

Continuando hacia el norte, merece la pena parar en cuantos más embarcaderos podamos para seguir disfrutando del Loch Lomond.

Glencoe

La carretera que va atravesando toda la zona de Glencoe está rodeada de altos riscos de piedra, como por ejemplo Bidean nam Bian y las Tres hermanas de Glencoe. La montaña Bidean nam Bian, que en su punto más alto alcanza los 1.150 metros, es el hogar de las Three Sisters, tres crestas puntiagudas una al lado de la otra. Hay un aparcamiento muy concurrido junto a la carretera desde donde podrás contemplarlas.

Esta nos alojamos en Glencoe.